Para mi amiga argentina: Norma Aristeguy

Para mi amiga argentina: Norma Aristeguy
A toda edad se regalan rosas y estas son para ti.

sábado, 5 de octubre de 2013

DESDOBLAMIENTO



Así, te miro, te hablo, te cuento cosas, pero no soy yo.

Yo, me desplazo más allá de las palabras, más allá de mi actitud, me bajo del alma sin permiso, y traviesa y audaz, ejecuto sinfonías con tu voz, rizando los sonidos hasta un eco interminable, en mi instintiva avaricia de recuerdos.

Luego, silenciosa y trepidante, me deslizo por tu llanura tierna, casi como un sahumerio derramado, sólo para perfumarte, porque el contacto con tu piel sería un sacrilegio que borraría el placer de lo imposible.

Así, te escucho, te sonrío con sospechosa indiferencia, y te recibo en mi pereza de vida torturada por el tiempo y con un tropel de rostros que me pinto, para armonizar con cada marco que me clavan.

Yo, no me permito la profanación de una caricia, pero la doy, en la afonía de mi voz cuando te canto, y en la prosa irracional que va surgiendo, mientras soplo tibio, ajando rigideces.

Así, con los sentimientos en abusivo orden, me conformo con algunos compases que podrían lograr la melodía, pero que una larga somnolencia de sonidos, delata una cruel sordera irreparable.

Yo, lo puedo todo. Desde reírme de la línea transversal de la cordura y ponerme a jugar con mi insignificancia, o escribir sobre tu muro los versos más sutiles y en un idioma único, hasta lograr que se vuelvan endebles tus defensas, ante el sortilegio de la percepción de mis demandas.

Así, agotada e indefensa, me acomodo en la cima para no desentonar y parecerme a los demás, buscando el sosiego que atrape al yo que se ha escapado, y lo traiga de regreso para someterlo al sopor de la razón.

Así, lo ahogo entre sonrisas y lo castigo en la sordidez de la rutina para no ser yo, y quedarme un día prisionera en las cuerdas de una lira enmudecida por la muerte del poeta.

NORMA ARISTEGUY


domingo, 1 de septiembre de 2013

LA CITA.



(Imagen de Claude theberge)


Ayer el clima y ella estaban bajo cero. Con el alma hecha una presunción de ampolla, jactándose la vida ante el encuentro.

Cita de dos, cita con demagógicos desvelos de esperanzas, de pensamientos que caminaban con ella la vereda trasnochada de una tardecita de futura primavera.
Ya no asolaba el frío, el sol se había comprometido y alzaba su canción de calor desacostumbrado, detenía sus falsas promesas de buen tiempo en el pico de los gorriones que desconfiados, se paseaban por las veredas en complicidad con los niños de las plazas.

Ella apuró el paso y avanzó entre el bullicio de palabras que pasaban a su lado, hacia el regazo del día que la acompañaba hasta el café.
Entró. Buscó con la mirada los ojos de él y se los llevó por delante. Él se paró para esperarla en la mesa, para que lo ubicara. ¡Cómo si pudiera no verlo! Se sonrieron. Se dieron un beso. Todo volvía a ser como antes.

Después de tantos años…

Un aire helado nuevamente había cortado el ambiente templado, como si el tiempo fuese una boca gigante que se los hubiese tragado sin haberse ellos enterado.
Se miraron como dos cazadores furtivos, cazadores de pasados, de destinos estrepitosos, de hechizos quebrados, de promesas acabadas, de seres rotos.
Se escucharon el silencio de palabras, se dijeron desde sus cuencas vacías todas las miradas. Se acariciaron sin tocarse. Se lo dijeron todo en un largo, muy largo beso que no se dieron.

El local se había llenado. Con la tarde inesperadamente templada los bares se habían abarrotado de gente bulliciosa.

Dos sombras imperceptibles se volcaron a la calle cuando la puerta se abrió y una pareja ocupó la misma mesa. Los movimientos, la charla, las risas de los recién llegados, no les habían permitido seguir disfrutando del mentiroso reencuentro.

Un aire muy frío se había colado en el bar a pesar de la engañosa tarde primaveral en pleno invierno.
A pesar de la puerta impenetrable dos sombras la atravesaron y se perdieron en la tenacidad de la nada.

Norma Aristeguy

sábado, 24 de agosto de 2013

GRITOS Y SUSURROS




Sopla el viento fuerte, muy fuerte. Ella se ha quedado recostada en el sofá mirando cómo las ramas de las plantas cercanas a la ventana, se desdoblan contra los vidrios y se convierten en seres extraños que por momentos silban en una acaudalada noche de tormenta.

Las ráfagas violentas alardean de su fuerza y por momentos, se transforman en susurros fantasmales, son voces que parecen conspirar. Fuerzas encontradas dispuestas a destruir lo que esté a su paso.

Se hace un ovillo en el asiento y escucha con atención casi respetuosa de su propio miedo.

El perro del vecino ladra, grita muy fuerte. No se entiende de quién es el grito entrelazado de ira y de agonía, que retumba en la oscuridad del escenario nocturno.
Ella comienza a dudar si es el alarido del viento, si es el del perro de al lado, o si es el ruido ensordecedor de sus propios pensamientos, de sus recuerdos que la devoran.
Tiembla.

Siempre la ha asustado el viento. Le parece una amenaza oculta, algo que su percepción capta como un peligro. Juraría que oye una pelea. ¿El viento habla con alguien o es el perro en un quejido que hiela la sangre? Sin embargo, a la vez se oyen ladridos encarnizados.

Levanta la cabeza. Escucha atenta. ¡Son voces!
-¿Para qué volviste? Decime. ¿Para qué?
-Shhh. No grites mujer, si vos ya me conocés. Yo soy así.
-¿Así? ¿Cómo? Decime vos ¿Cómo sos?
-Y… qué sé yo. No sé. No sé lo que quiero.
-¡Andate! ¿Me oíste? ¡Andate! ¡Volviste para terminar tu obra! Pero hoy soy yo la que te echa de mi vida. ¡Quiero que te vayas! ¡Quiero que desaparezcas otra vez!

Siente que la voz la abandona de tanto gritar. Que le duele la garganta. Llora. Su cuerpo se sacude en el sillón. El viento vuelve a ser un susurro en el aire. Parece tener un eco. Los sonidos se repiten y se alzan hasta convertirse en un grito de dolor.
Las ramas continúan con sus golpes. Imponen su presencia amenazadora desde el afuera, como queriendo invadir la casa. Invadirla a ella.

Poco a poco la noche se aleja en el secreto de la madrugada. Las voces sospechadas de violencias quedan guardadas en los árboles, o se las llevó el viento que desapareció ante la presencia del sol y del canto de los pájaros que inauguran el día.
La calma ha renacido.

Ella se despierta. Mira la luz que entra abarcándolo todo y se siente aliviada. La tormenta ha pasado. Pero su vida sigue ahí, a pesar de ella, todavía la alienta desde su interior.

Sin él. Otra vez sin él. Una fuerza nueva la viste de color, como si la noche anterior hubiese sido el estuche para guardar el cadáver de un regreso.

El viento atolondrado ha dejado las bajas de algunas plantas que de corazón despanzurrado mueren sobre el testimonio de la tierra. Hay un lecho de rosas esparcidas sobre charcos de agua, que reflejan silenciosos las hojas que van muriendo de a poco y lentamente en la tormenta pasada y repetida. El abeto está inclinado, a punto de dejar caer su alma, ya sin remedio.

Ella se levanta con nuevas fuerzas. Abre las ventanas. Respira hondo. Sale al jardín.
El vecino de al lado se le acerca.

-Hola Silvina. ¿Viste lo que le pasó a mi perro?
-¿Qué, qué le pasó?
- Lo mató el “guardián”, el perro de enfrente. Pensaba que ya no se pelearían más, y al parecer anoche volvió y se la dio otra vez. Y cuando salí esta mañana temprano me lo encuentro al muy hijo de puta, sentado al lado de su presa. ¿Te das cuenta? Ya se la había dado antes, pero ahora vino a rematarlo.

Norma Aristeguy.

jueves, 22 de agosto de 2013

ALGUNOS LOCOS...




De los locos de locura, tenemos siempre algo que aprender y hay que cuidarlos, mimarlos.

De los locos de soberbia tenemos que cuidarnos, alejarnos, dejarlos solos con su carga para que se destruyan a sí mismos.

Norma Aristeguy

A un abrazo de distancia :: Entre aquí y allá

A un abrazo de distancia :: Entre aquí y allá

Del amigo: Miguel Cabeza.
Mallorca. España.

domingo, 18 de agosto de 2013

SIN NOMBRE




Entre tantas preguntas que ella se hace cada vez que amanece,

algunas la incomodan, la atormentan, mucho más que si supiera

las respuestas: ¿dónde estará él, en ese momento? ¿Recordará el

amarillo de las hojas que juntos pisaban para oírlas gritar? En

qué caja, en qué parte de su casa habrá guardado su nombre,

para que nadie lo encuentre?

¿Con qué frazada cubrirá los viejos abrazos de

aquellos encuentros, que alguna vez fueron para siempre?

¿Cómo habrá hecho para seguir viviendo? Mirará aún

la luna sabiendo que ella también la ve?

¿A qué parte del alma se habrá escapado el jazmín

que habitaba en sus bocas?

Norma Aristeguy


(Imagen de: Félix Mas)

viernes, 16 de agosto de 2013

PEÑA FORATATA

PEÑA FORATATA
AUTOR: LUIS ANDREU

Para Aristeguy Norma Para marcar o ínicio de uma amizade 28/5/2011

Para Aristeguy Norma Para marcar o ínicio de uma amizade 28/5/2011
FOTOGRAFÍA DE MARÍA BRANCO REAL

FOTOGRAFÍA DE TERESA MARTÍN. (PRAIA DAS CATEDRAIS)

FOTOGRAFÍA DE TERESA MARTÍN. (PRAIA DAS CATEDRAIS)
con todo mi cariño te la dedico NORMA ARISTEGUY

GALICIA.FOTOGRAFÍA DE JORDI NAVARRO

GALICIA.FOTOGRAFÍA DE JORDI NAVARRO
dedicada con cariño a mi amiga argentina Norma Aristeguy

HOMENAJE A ERNESTO SÁBATO

HOMENAJE A ERNESTO SÁBATO
GRACIAS MIGUEL CABEZA POR TU HOMENAJE EN LA WEB LITERARIA